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domingo, 10 de febrero de 2008

Ideología de género, violencia de útero

En los años 60, un grupo de feministas lesbianas “iluminadas”, renunciaron a la equiparación con el hombre porque pensaron que la mejor fórmula de abolir la preponderancia masculina, era nada menos que exigir la erradicación total de las diferencias de sexo. A partir de aquí empezaron a hablar de “opción sexual”: el individuo supuestamente, podría elegir su género con abstracción de su morfología sexual en una deliberación volitiva, siempre que no le reprimiera la sociedad porque el género sería para ellas, tan sólo un papel impuesto por el hombre para cubrir la función reproductiva.

Ahora, las metástasis de este cáncer llegan a las leyes, a la educación, a los telediarios, a la prensa, a la jerga coloquial… Y cuando un energúmeno mata a su mujer no es un crimen deleznable sino “violencia de género” porque se quiere hacer creer que el simple reconocimiento de la diferencia entre los sexos implica violencia. Paradójicamente, cuando una mujer mata a sus hijos es una perturbación o incluso hasta un acto de amor para no abocar a sus hijos a vivir en la desdicha. Abundando en esta casuística luctuosa, si una mujer mata a su marido no es violencia de género sino un acto debido contra una probable represión machista; y por fin, si una mujer mata a su hijo antes de que nazca... a esa se le propone directamente para el premio Nobel de la paz.

¿Y cómo tamaña barbaridad ha podido contagiar el mundo entero en medio siglo? Porque se han abierto tres frentes que han ido reforzando el fuego cruzado gramsciano contra la sociedad, con objeto de consumar una suerte de castración intelectual, no por sutil menos totalitaria:

  • en primer lugar, los teóricos del control de la población estimaron de suma utilidad las excentricidades de las feministas furibundas para frenar el crecimiento de la población.
  • en segundo lugar, el frente de los homosexuales que vieron muy convenientes estos postulados para la legitimación de su conducta.
  • en tercer lugar, el frente de los revolucionarios (marxistas, laicistas…) que encontraron una fabulosa oportunidad para acceder a sus propósitos de atentar contra el orden natural, contra la familia y contra la libertad de las personas.

Aparte de lo dicho, hay que recordar que la ideología de género ha encontrado el respaldo económico de grandes magnates americanos como Ford, Rockefeller y Bill Gates, hay que recordar también, que la propia administración americana desde Nixon se ha encargado de financiar esta ideología con "munificencia", discreción y prioridad absoluta; y hay que recordar, por último, que las principales fuerzas internacionales de choque son la propia ONU (conferencias de El Cairo y de Pekín) y la IPPF (Internacional Planned Parenthood Feredation) tremendamente activas y eficaces en su siniestra determinación.

A toda esta artillería pesada hay que añadir un doble blindaje final: el pensamiento “políticamente correcto”, que desde los tres frentes aparentemente distantes, ridiculiza a quien a título personal osa desenmascarar estas patrañas, y el blindaje de la política de ayudas internacionales, que niega el pan y la sal a quien se resiste a las fanfarrias de la cultura de la muerte en la comunidad internacional.

Lo siniestro de la ideología de género es que desde el poder político, mediático y económico predica a nuestros hijos una conversión a eunucos “por opción”, lo más pernicioso es que está dejando millones de muertos en "la trituradora", que está induciendo a rupturas familiares “express” y que está reduciendo el matrimonio a una categoría más entre una variada combinatoria de relaciones aberrantes antinatura.

Acudiendo a una visión más local, hoy por hoy en España, lo máximo a lo que están dispuestos en el Partido Popular y en el resto de las formaciones políticas preponderantes (versus la iniciativa del gobierno revolucionario zapaterista del PSOE), es a continuar con el divorcio express y la despenalización de aborto, y a reconocer la misma tutela jurídica al matrimonio que a cualquier ayuntamiento carnal con animal (racional de momento). Aunque, eso sí, en un alarde concesivo quizá podrían llegar a poner nombres diferentes a las nuevas instituciones de derecho antinatural.


Habrá que ir buscando YA una alternativa política no tanto para acceder instantáneamente al gobierno sino para garantizar que irrumpen en entornos de influencia política, personas que entienden que el poder es un medio para servir a la sociedad y no una poltrona, para garantizar que voces con criterio y determinación van a clamar desde las tribunas políticas, que llegan personas capaces de presionar a los principales actores políticos para ir a cambiando el rumbo de la muerte a la vida, aunque nos lleve más de cuatro años. Ya llevamos treinta años de retraso, y cada cuatro el terreno se vuelve más cenagoso y se obvia más el respeto a la Ley Natural.

La ideología de género, como decíamos, acarrea la muerte de personas en el vientre de su madre, disuade sobre la procreación y se resiste a reconocer las relaciones secundum natura; por todo esto, a la ideología de género bien podríamos reconocerla como “violencia de útero”, una violencia a la que debemos ir respondiendo sin demora en todos los terrenos y no sólo con ardides de la semántica.

Acudamos sobre todo con recurrencia imprecatoria al Creador de hombre y mujer, realicemos caritativos, oportunos y contundentes placajes a los sicarios de la mentira y emprendamos una ilusionada ofensiva desde la Cultura de la Vida.
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Recomendamos vivamente cuatro documentos de especial interés sobre el asunto:

“La ideología de género: una clave decisiva para entender la sociedad actual”, de Oscar Almazora
“Sexo y género”, Jutta Burggraf
“La persona sexuada” Tomás Melendo

“Un feminismo de otro género”, recensión del libro de Jesús Trillo-Figueroa