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viernes, 7 de noviembre de 2008

Tiene una cara preciosa

Esta mañana, de camino al cole he puesto a mis tres vándalos asdingos el concierto para violín y orquesta de Tchaikovski… ¡y les ha encantado! (No me extraña, en comparación con lo que se oye habitualmente por ahí). Pensándolo después, creo que ha sido una triste gracia para sus profesoras porque bajaban del coche al ritmo del “Allegro vivacissimo”. En fin, el lunes les pondré el Adagio de Albinoni para compensar…

Tras un pequeño periplo por Madrid desde el colegio, he llegado por fin a la consulta, pero ya tarde para ver en directo la ecografía del pequeño. Sólo tengo la imagen que publico aquí al lado y ni que decir tiene, que estoy encantado y muy agradecido a Dios, porque parece que esta vez todo discurre por buen camino. No obstante, me han llamado mucho la atención las dos observaciones de mi mujer cuando me ha visto: “No te imaginas cómo movía los 4 brazos” y “¡te lo has perdido: tiene una cara preciosa!”

Respecto a la primera afirmación, viendo su cara, no había duda de que se refería a las cuatro extremidades y que el niño “tan sólo” tiene dos brazos pero lo de “tiene una cara preciosa”... que sonaba a coña, no… no lo era. Por supuesto, que al ginecólogo ni se le ha pasado por la cabeza poner en entredicho semejante aseveración, y no dudo, además, que dentro de seis meses se corrobore esta tesis porque hasta la fecha hemos mejorado claramente la raza (al menos por mi parte). Pero hoy por hoy, a través de esta sombra en bitono, yo no alcanzo a ver mucho más que la silueta de una cabeza y de un bracito.

En fin, esto me ha servido para recordar lo que tantas veces me han apuntado: que ellas “ven” con los sentimientos tanto como con los sentidos convencionales. Y lo paradójico es que cuando nazca, como tantas veces, habrá que darle la razón...