viernes, 25 de julio de 2014

Criptocracia (iii). El algoritmo secreto de la "democracia" para amordazar al elector

Para calcular el valor “democrático” de todo un proceso electoral, vamos a partir de una hipótesis de trabajo: imagínate que después de las elecciones, se invalidan los votos de todos los demás electores y que sólo queda uno válido: el tuyo. 
En teoría, como consecuencia de ese resultado electoral, los políticos tendrían que gobernar al 100% de acuerdo a tus ideas ¿no? Bueeeno, como eso no es exactamente así, vamos por partes:
  1. Sobre el total de las cuestiones que deciden los políticos, habría que calcular cuál es el % que se ha formulado previamente en ese programa que te han propuesto votar ¿el 20%? Bueno pues de momento, si tu fueras el único elector válido en toda la geografía nacional, tendrías un 20% de influencia sobre el gobierno, no es el 100% 
  2. Pero todos los puntos de un programa político vienen “empaquetados” por lo que eliges uno o dos puntos del programa y “te comes” todos las demás. ¿Cuántas propuestas salen en un programa? ¿200? Pues 2/200 es un 1% que aplicado al 20% que nos quedaba, implica que sólo influirás sobre un 0,25% de las decisiones políticas.
  3. Bien, ya llega el momento crucial en el que tú, único elector válido vas a ejercitar el sacrosanto derecho "democrático" y justo antes de votar, tienes que realizar el ejercicio “práctico” que empieza por esta pregunta: ¿cuántos de los 20 partidos que se presentan son  “viables” tras el apoyo selectivo de los Presupuestos Generales del Estado, tras el bombardeo de marketing político de 40 años, tras aplicar la ley D'hont y las restricciones a la concurrencia de nuevos candidatos? Lo más probable es que sólo uno o dos partidos se pudieran considerar merecedores de un “voto útil” por lo que optarás con probabilidad por el "mal menor" que mantiene como mucho un 30% de tu idea principal y así, aquel 0,25%, se convierte en un 0,075%, bastante alejado del 100% que presumíamos al principio. El único elector válido del electorado nacional, sólo influye en un 0,075% sobre  la acción de gobierno lo que quiere decir... que este el peso de todo el electorado cada vez que “se pronuncia en las urnas”: ¡¡¡un 0,075%!!! respecto al resto de “intervinientes” políticos visibles y “discretos” que deciden el 99,925% restante con procedimientos y ardides diversos. Para tenerte contento te administrarán el placebo de representación democrática y si te empeñas incluso te pueden colocar la corona del Burguer King
  4. Si por insana curiosidad quieres saber el peso de tu “sufragio” tendremos que dividir el 0,075% por los 36,5 millones de electores: y resulta que decides ¡¡¡un 0,000000002%!!!
  5. ¡Perdón, me he pasado, claro que sí! porque en las democracias liberales no hay mandato imperativo y los gobernantes pueden hacer lo que les dé la gana así que TU PESO POLÍTICO ES CERO PELOTERO, NADA… hasta que en las próximas elecciones puedas volver a hacer valer tu suculento 0,000000002% como protesta por el incumplimiento recurrente del programa electoral.
La Democracia la inventaron los griegos y como no es factible aplicarla a los grandes Estados modernos (y con eso cuentan los apologistas del sucedáneo "democrático"), está claro que la Democracia con los griegos murió. El remedo "democrático" ante el que te obligan a hincar la rodilla podría llamarse Criptocracia o Theatrocracia porque sólo busca espectadores de clap porque los actores y la obra los elige la compañía teatral escondida tras las bambalinas y ahí tu no pintas nada de nada. 
Para callarte la boca, la compañía te ofrece la obra el “Estado del Bienestar” con un precio de 100€ por la entrada, de los que 30 se pierden por el camino para devolverte una obra por valor de 1€, pero ¡eso sí!: con butaca de palco y unos apacibles decorados con vistas al mar