domingo, 16 de marzo de 2008

Requiescat in pace

Mari Luz, descanse en paz. No sé qué puede alentar semejante barbarie criminal pero me niego a encubrir el crimen como una patología: ni todo el que roba es un cleptómano, ni el que viola un ninfómano perturbado, ni el que mata es un esquizofrénico… Quizá todo esto tenga que ver con que en esta sociedad se están enviando mensajes recurrentes "políticamente correctos" para sacralizar el placer ilegítimo y el interés bastardo, mensajes recurrentes que desprecian el valor de la vida de las personas que aún no han alcanzado la autonomía vital, de las personas que no aportan valor a la cadena electoral-alimenticia.

Y cada vez son más habituales esas trágicas noticias sobre niños secuestrados, espeluznantes escenas de ríos dragados y ataúdes blancos... Los que tenemos hijos pequeños no podemos evitar buscarlos con la mirada, sobrecogidos, tras escuchar las noticias o leer la prensa. Se hace un nudo en la garganta, se musita una oración y se formula el propósito de salir a la calle con las cautelas del soldado en el frente de batalla.

Mientras, van pasando los meses, continúan los horrores y entre cada niña de nombre reconocido y cada niño dramáticamente reclamado por sus padres, van cayendo también miles de pequeños anónimos, muertos sin cobertura mediática… cientos de miles de pequeños a los que nadie cantará una nana, ni siquiera un réquiem, nunca recibirán otra caricia que la de una legra, cientos de miles de muertos "acunados" en una trituradora e indignamente sepultados en el cubo de los “residuos sanitarios”.